jueves, 25 de abril de 2013

Y un viernes me curé !!!


Con el tiempo me he convertido en un aventurero de conciertos y he aprendido que para evaluar la importancia de los mismos, es clave poderles dar tiempo, para decantar lo que ha llegado a través de la vista y los oídos y poderlo llevar a un lugar especial en la memoria. Teniendo en cuenta lo anterior, me he tomado una semana para poder compartir con ustedes las sensaciones de uno de los eventos musicales más importantes que he visto en mi vida: The Cure en Bogotá, Colombia, 19 de abril 2013.



Exactamente, 4 años atrás, un 19 de abril de 2009, tuve la oportunidad de ver por primera vez a la agrupación británica. En aquella ocasión, en Indio, California, la banda, presentaba su álbum “4:13 Dream”, esa noche interpretó 32 canciones durante 3 horas, creando una experiencia inolvidable por sí sola: El entonces cuarteto, integrado por Robert Smith, Simon Gallup, Jason Cooper y Porl Thompson dejó la vida sobre el escenario, inclusive, las últimas canciones fueron interpretadas a pesar de un corte en la electricidad generado por los organizadores del concierto, la banda se rehusaba a salir, su propuesta, al parecer, era infinita. 4 años después, lo comprobé.

Bogotá, hace una semana, parecía un espacio sacado de la imaginación de Robert Smith, la ciudad exponía ante sus residentes y visitantes todos los grises posibles, acompañados, éstos tonos, por una intensa lluvia que se convertiría para aquella tarde y noche en una banda sonora que contenía la ansiedad de muchas generaciones, algunas de ellas con más de 3 décadas de paciencia. Además de lo citado, el Parque Simón Bolívar completaba el paisaje con sus árboles, testigos ya de una historia de festivales y conciertos. El escenario, sin duda, era el ideal, para la fantasía sonora de The Cure.

Quizá muchos análisis se puedan concentrar en la capacidad interpretativa de los artistas, las condiciones técnicas del evento, el repertorio, entre otros aspectos, pero en mi condición de explorador de conciertos, me quiero concentrar en un sólo momento el cuál resume las sensaciones y sentimientos que se generaron en mí interior en esa ya cada vez lejana noche en la ciudad de los 2600 metros sobre el mar de un país suramericano, me refiero a los primeros 60 segundos del concierto. 



Las luces del Parque Simón Bolívar se habían apagado, eran las 8:12 de la noche, aproximadamente, de repente salieron al escenario Simon Gallup, Jason Cooper, Roger O´Donnell, Reeves Gabrels y por supuesto, de último, Robert Smith. Se sentía una extraña tensión, una serie de sombras, cercanas a la escena de una película de ciencia ficción creaban fascinación, la audiencia iniciaba su complicidad. Smith de espaldas, quizá en un último diálogo con su baterista, se preparaba para la función, rodeado de lluvia, árboles y unas montañas escondidas en la oscuridad de la ciudad. Se percibía movimiento, de repente se escuchó el sonido que producen las baquetas al chocar, en cuestión de segundos comenzó a sonar el tema “Plainsong”, perteneciente al álbum “Disintegration” (1989), en las pantallas aparecieron unas estrellas, quizá las mismas que escondían las nubes de la ciudad, batería, bajo, teclados y guitarras susurraban con elegancia el sonido de otros mundos, de repente apareció la voz de Smith, a partir de ese momento nos quedaban 3 horas, 40 minutos de hipnosis colectiva, a partir de ese momento Bogotá vivió un instante inolvidable de eternidad, a partir de ese momento entendí que estaba ante el concierto de mi vida...

@profeastronauta #YoSoyTheCure !!!


martes, 16 de abril de 2013

Sobre Murakami y los temblores en el alma


El universo literario creado por Haruki Murakami está lleno de trampas y sorpresas para los sentidos. El escritor japonés ha logrado entender el vértigo que transita el interior de un ser humano, explorando sin compasión sus miedos, demonios, ansiedades, soledades y una que otra esperanza. El autor es sin duda, uno de los mejores cronistas de nuestra época, entiende como pocos el vacío y el abismo que habita en las ciudades, en el tiempo y en el propio corazón del lector.



Se ha publicado en nuestro idioma “Después del Terremoto”, una serie de historias que tienen en común el fuerte movimiento telúrico que destruyó en 1995 a la ciudad de Kobe, Japón. Cada uno de los personajes del libro lleva consigo su propio temblor, son seres habitados por placas tectónicas en constante fricción. De nuevo, el escritor, como en la mayoría de sus libros, llega a la entraña, a veces silenciosamente, otras veces con el ruido de nuestros tiempos. Comparto con ustedes una pequeña reseña de cada una de las 6 historias que conforman el libro.

Un Ovni Aterriza en Kushiro: Las soledades que habitan el afecto, el amor. Cuando un camino inesperado abre nuevas posibilidades. “Por muy lejos que uno vaya, jamás puede huir de sí mismo.”

Paisaje con Plancha: Personajes extraviados que se encuentran a sí mismos a través de la mirada de los otros. “El fuego tiene una forma libre...adopta la forma del corazón de la persona que lo está mirando”.

Todos los Hijos de Dios bailan: La constante lucha de diferentes generaciones contra el destino, contra el olvido. “La vida en este mundo no es más que un fugaz sueño de dolor”.

Tailandia: Cuando un alma se llena de tristeza y rencor y no sabe cómo curarse. “ Vivir y saber morir, en cierto sentido, tienen un valor equivalente”.

Rana salva a Tokio: La locura de Murakami en uno de sus episodios mejor elaborados. Una densa fantasía infantil habitando el núcleo de un desastre. “Hace tiempo que lo admiro como ser humano”

La Torta de Miel: Algunos amores no desaparecen, permanecen intactos en el sueño. “No tengo raíces...no estoy ligado a nada”.

Las anteriores coordenadas no les van a dañar la lectura del libro, son sencillamente sensaciones de vida que se desprenden de una pasión literaria que se rehusa a abandonar a mi memoria, a mi retina. Si leen “Después del Terremoto” me gustaría conocer sus apreciaciones.

@profeastronauta

martes, 26 de marzo de 2013

Sobre Salman Rushdie y la libertad de expresión


En estos tiempos, en los cuáles es importante reflexionar sobre temas como la libertad de expresión, un texto autobiográfico del escritor Salman Rushdie, nos ayuda a entender conceptos que construyen ese sagrado contenido. “Joseph Anton” es un libro revelador, no sólo sobre los derechos y deberes que lleva consigo la libre comunicación, sino sobre la vida misma: los padres, hijos, el amor, la soledad, la distancia, el mercado literario del siglo XX, algunos músicos del rock, las ilusiones, la esperanza, la desilusión y la muerte.

El 14 de febrero de 1989, el escritor nacido en Bombay, India, fue notificado de ser condenado a muerte por el Ayatola Jomeini (Irán) por ofender al Islám a través del contenido de su libro “Los Versos Satánicos” (1988). Ese el punto de partida de la autobiografía, a través del cuál conocemos el origen del escritor, sus primeros pasos literarios, consagración artística, vida afectiva (4 matrimonios), amenazas de muerte, amistades, complicidades, política internacional, entre otros temas. 



Mas allá de realizar un análisis literario sobre el texto, comparto con ustedes algunos fragmentos del mismo que nos pueden ayudar a comprender el complejo concepto que lleva consigo la libertad de expresión:

Sobre el relato y su carácter sagrado: “El hombre era el animal narrador, la única criatura en el mundo que se contaba cuentos para comprender qué clase de criatura era. El relato era su derecho inalienable, y nadie podría privarlo de él”.

Sobre el amor: “...que el amor pudiera morir no significaba que no hubiera vivido.”

Sobre no olvidar: “Contra la brutalidad, recordar es la única defensa....la memoria era el enemigo”

Sobre la victoria y la derrota: “La derrota...te enseñaba lecciones más profundas que la victoria. Los vencedores llegaban a la conclusión de que ellos mismos y su visión del mundo estaban justificados y validados y no aprendían nada. Los perdedores, en cambio, tenían que reevaluar todo aquello que creían que era verdad y por lo que merecía la pena luchar, y en consecuencia tendrían una oportunidad de aprender, por el camino difícil, las lecciones más profundas que la vida impartía”.

Sobre la libertad de expresión: “...ahora necesitaba expresar con claridad qué era aquello por lo que luchaba: la libertad de expresión, la libertad de la imaginación, la vida sin miedo y el hermoso y antiguo arte que tenía el privilegio de ejercer. 

Sobre el arte: “El valor del arte reside en el valor que se genera, no en el odio”

Sobre el corazón: “El corazón es lo que es y no sabe nada de puntos cardinales”

Una particular definición de la historia de la Tierra: “Un pez salía a rastras de un pantano a tierra firme y los otros peces quedaban atónitos, quizá incluso les molestaba el hecho de que hubiese cruzado una frontera prohibida. Un meteorito caía en la tierra y el polvo impedía el paso del sol, pero los dinosaurios seguían luchando y comiendo, sin comprender que estaban al borde de la extinción. El nacimiento del lenguaje encolerizó a los mudos. El sha de Persia, enfrentado a las armas de fuego de los otomanos, se negó a aceptar el final de los tiempos de la espada y envío a su caballería a galopar de forma suicida contra los atronadores cañones del Turco. Un científico observó las tortugas y los sinsontes y escribió sobre la mutación aleatoria y la selección natural, y los adeptos del Libro del Génesis lo maldijeron. Una revolución en la pintura fue ridiculizada y desecha como simple impresionismo. Un cantante de folk enchufó su guitarra a un amplificador y una voz entre el público gritó: ¡Judas!.”



Es recomendable la lectura de “Joseph Anton” (Personalidad secreta de Salman Rushdie durante la fetua), no sólo para entender un momento histórico del siglo XX y por la presencia en el mismo de Gabriel García Márquez, Bono de U2 y hasta los mismos Blur, sino para comprender la compleja estructura de lo humano, desde lo más perverso hasta lo más sublime. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Mis Días de Cine


Debo confesar que soy un gran amante del séptimo arte, en el cine he encontrado inspiración, he ampliado mi visión sobre el mundo, me he enamorado, me he asustado, me he deprimido, me he extraviado y me he encontrado. No pienso rivalizar los consumos culturales actuales, determinar si lo tradicional es mejor que lo digital y viceversa, la verdad no tengo ningún problema con leer un libro, sea cual sea su formato e inclusive lo mismo me pasa con la música, no soy purista y el contenido es el que me seduce. Lo mismo me pasa con el cine, disfruto ir a una sala tanto como la posibilidad de ver las realizaciones cinematográficas en mi computador. No obstante, quizá inspirado en el reciente Festival Internacional de Cine de Cartagena, quiero compartir esa extraordinaria experiencia que significa ir a un lugar, especial, rodearme de extraños, ingresar al ritual del espacio a oscuras y observar una historia en una gran pantalla, si, ese es el universo de la sala de cine.

No tuve la fortuna de experimentar, durante su momento, del cine mudo de los años 20, o las grandes historias de los años 30 o 40, o contemplar el arte creado por las escuelas cinematográficas europeas de los 50 o 60, ni las aventuras de ciencia ficción de los 70. Mis primeros recuerdos me remiten a los años 80, en aquel entonces la sala de cine era sagrada, eran estructuras gigantes, ovnis diseñados para viajes de 90 minutos y más, que lograban reunir muchas generaciones, familias completas, amigos, amantes y quizá mucho más. Hoy, esas salas son centros religiosos, espacios para espectáculos o sencillamente han desaparecido para convertirse en estructuras de vivienda o comercio. Voy a destacar una experiencia, por década, sencillamente para rendirle homenaje a esos días de cine.

Recuerdo un viejo teatro en Chapinero, se llamaba “Metro Riviera”, en él en 1986, me fui con mis amigos del barrio a ver la realización cinematográfica “Aliens” de James Cameron , la segunda parte de ese universo de terror espacial creado por Ridley Scott en Alien el Octavo Pasajero de 1979,  película también protagonizada por la extraordinaria Sigourney Weaver. Recuerdo que la historia ubicaba al espectador en un lejano paisaje extraterrestre, la claustrofobia que generaba la historia y el vértigo cinematográfico me permitieron ir al espacio, si, en un ambiente siniestro y terrorífico, pero el viaje valía la pena y me estrenaba como astronauta. Mis amigos, cómplices de la vida, se quedaron en la memoria, destruyendo, a través del juego cinematográfico, a cientos de extrañas criaturas alienígenas que nos perseguían, como fantasmas, en las calles de una ruda Bogotá.


En los años 90 conocí el cine independiente, de autor, de otras geografías diferentes a las planteadas por Hollywood, mi alma joven se llenaba de más preguntas que de respuestas, todo un mundo estaba por descubrirse y fue el director alemán Wim Wenders quien me dio una visión extraordinaria sobre la universalidad y sobre el complejo mundo que habita lo humano. En el antiguo TPB, hoy convertido en otro espacio, me encontré en 1993 con la realización cinematográfica “Tan Lejos, Tan Cerca”. Aquellos ángeles que se convertían en humanos, me transportaron a las calles y por supuesto, a los cielos de Berlín. Ese tarde de viernes en soledad, descubrí que que quería enamorarme de una mujer parecida a Natassja Kinski (nunca pasó) y me dio una mirada diferente sobre la ciudad que habitaba y sobre las ciudades que me esperaban. Wenders llegó al alma.


La primera década de Siglo XXI me traería una gran sorpresa: mi corazón roto estaba en la gran pantalla, en “Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos”, Michel Gondry nos presentaba una historia sincera, ruda, cruda , nostálgica, melancólica y a la vez realista sobre los sentimientos, la pasión, el amor y la carencia del mismo. Una noche de octubre de 2004 en el norte de Bogotá, en las salas de Cinemanía, estuve muy bien acompañado, estaba con una amiga, que al igual que el autor de este blog, tenía el corazón roto. Es importante precisar que yo no era el culpable de esa tristeza. Dos corazones rotos se enfrentaban ante una historia de presencias y ausencias, con las inolvidables interpretaciones de Kate Winslet y Jim Carey. Los corazones se convertían en rompecabezas y poco a poco cada pieza se perdía o sencillamente no encajaban la una con las otras. Si la salida del cine en los 80 en “Aliens” estaba llena de juego y fantasía, la de los 90 en “Tan Lejos, Tan Cerca”, de esperanza y poesía, en esa ocasión el silencio llenaba la calle, la cabeza, el corazón. Una dolida “Everybody´s gotta learn Sometimes” interpretada por Beck, solía aparecer y desaparecer con maldita dulzura.



Sobre la presente década prefiero, según lo dicte mi corazón cinematográfico, retratar oportunamente con palabras aquellas imágenes que convierten nuestra vida en películas. Volveré eventualmente a la sala de cine para comprobar que efectivamente la vida es cine !!!

jueves, 14 de marzo de 2013

Colombia en el Vive Latino de México


Entre el 15 y el 17 de marzo, el Festival Internacional Vive Latino de México llega a una nueva versión y trae consigo una noticia importante para la música independiente colombiana: 6 agrupaciones se presentarán en el mismo. Si bien en los años 90 nos visitaban artistas del continente y nos llenaba de ilusión ver nuestras historias retratadas en canciones, el circuito de bandas colombianas en el exterior era muy pequeño, salvo las heroicas travesías de Aterciopelados, Bloque de Búsqueda, entre otros. Hoy no es una novedad que una agrupación colombiana toque en el extranjero, es más, es una obligación, pero el hecho de tener 6 representantes nuestros en un festival que determina el rumbo sonoro del continente si nos debe llamar la atención, sencillamente porque algo está pasando y más allá del esfuerzo de los medios independientes, esta clase de noticias no tienen eco en los medios tradicionales colombianos.

Si miramos el escenario internacional, plazas como Europa, México, Chile y los Estados Unidos se sienten atraídas por las propuestas independientes de nuestro país. Lo explorado por el pop, con muchos aciertos (Juanes, Shakira), debía llamar por naturaleza la atención sobre esos “lados b” que se generan en un espacio geográfico artístico en particular. Colombia, como consecuencia de su diversidad, no tiene propuestas únicas que determinen una sola estética, como quisiera el mercado tradicional, lo contrario, somos híbridos y el presente siglo nos cae bien. Allí es donde lo independiente valida el ejercicio de lo diverso y confirma que todo movimiento artístico necesita diferentes miradas para ser sólido y para proponer estéticas, memoria y futuro.

Infortunadamente, no existe un mercado auto-sostenible para lo independiente en nuestro país. Tenemos la cultura del ”pagar por ver” (en los mejores casos) y no la del “pagar por conocer”. Lo anterior no sólo ocurre con la música, pareciera que el consumidor colombiano cultural promedio, mas allá de las limitaciones económicas que tenemos, ha perdido la curiosidad de conocer nuevas canciones, artistas, libros, autores, películas, realizaciones cinematográficas, entre otros. El consumidor colombiano, va a la fija, ha perdido el encanto de ser un explorador del entretenimiento y lo independiente que por  ser extraño, no es llamativo en lo absoluto. Que mal, ese debe ser un aspecto natural de un mercado del entretenimiento cultural en una sociedad.

Teniendo en cuenta lo anterior, los artistas independientes colombianos, al no tener un mercado local, deben buscar en otras latitudes la oportunidad de un mercado, de un circuito y del reconocimiento de sus propuestas en la sociedad. El artista, es importante, para el crecimiento del ciudadano, nos expone ante la autocrítica, el reconocimiento y por supuesto a opciones de entretenimiento que van mas allá de las establecidas por un mercado, a veces perezoso e inerte. 

Viajo a México con la ilusión de acompañar a esos artistas independientes, así como lo he hecho, en otras ocasiones en otros lugares del mundo (SXSW, Austin, Texas, Coachella, Indio, California, Lollapalooza Chicago, Illinois, Lollapalooza, Santiago de Chile, entre otros) para acompañar sus procesos y entenderlos mejor desde la entraña. Mis respetos y admiración para esos artistas que siguen luchando y por supuesto, a los medios que en contra del reinado cruel del rating trabajan por ofrecerles a ellos un espacio profesional que les permite compartir sus propuestas. Monsieur Periné, Esteman, Ondatrópica, Vía Rústica, Puerto Candelaria y Bomba Estéreo, larga vida para su música, éxitos en el Vive Latino, aquí estamos para contar sus historias, siempre.



viernes, 1 de marzo de 2013

Sobre el cine colombiano

Sin lugar a dudas, el trabajo que se ha realizado alrededor del apoyo a la cinematografía colombiana en los últimos años nos ha permitido ver el crecimiento de la oferta local. Mas allá de las estadísticas, las cuales marcan una importante presencia de realizaciones cinematográficas colombianas en nuestras pantallas, poco a poco nos encontramos con otras historias, que se alejan del propotipo de la violencia, la realización de formatos televisivos en la gran pantalla, el morbo o la sátira dedicada a nuestra idiosincrasia.

En 2012 tuvimos la oportunidad de ver grandes realizaciones colombianas, que sin alejarse de la problemática social, cultural y política de nuestro país, lograron crear momentos cinematográficos llenos de poesía e inolvidables interpretaciones. Destaco, como espectador, lo expuesto en la pantalla por Jhonny Hendrix (Chocó), Juan Andrés Arango (La Playa D.C) y William Vega (La Sirga). Cada una de ellas enriqueció nuestra mirada cinematográfica y sin duda las posibilidades narrativas de nuestra filmografía. Por otra parte, una sorprendente "Apatía, una Película de Carretera" de Arturo Ortegón nos regaló una historia sencilla, sincera e inspiradora.

He iniciado mi 2013 cinematográfico colombiano con éstas películas en el corazón para poder hacer una mejor lectura de nuestro cine. Ya quedé sorprendido con la historia y desarrollo en pantalla de "El Faro" de Pacho Bottía, realización cinematográfica que bien podría acompañar en ese concepto de poesía audiovisual a "La Sirga", Chocó" y "la Playa D.C.". Sobre lo anterior dejo las siguientes reflexiones como espectador:

1- No veo cine colombiano porque sea colombiano, lo veo porque sencillamente es bueno.
2- Ya nos estamos alejando de esa sensación de ver en cine, los formatos y los actores de la TV
3- Creo que aún se debe trabajar mucho dos aspectos: - Las historias (El Guión) y - Las actuaciones.
4- Gracias a la oferta, ya no dependemos exclusivamente de las películas que se estrenan el 25 de diciembre, la verdad no tengo nada en contra de ellas, es más, las mismas permiten que muchos espectadores puedan apreciar cine colombiano.
5- Tengo curiosidad por ver lo que se estrenará en nuestras pantallas en 2013

Es chévere pensar en voz alta y mas aún sobre el cine!